China continúa ampliando su capacidad de energía solar con una instalación que combina diferentes tecnologías para enfrentar uno de los principales desafíos de las fuentes renovables: mantener el suministro eléctrico cuando ya no existe radiación solar.
El proyecto, ubicado en el desierto del Gobi, en la región de Xinjiang, integra energía solar fotovoltaica con energía solar de concentración (CSP) y alcanza una capacidad instalada total de 1 gigavatio (GW).
La particularidad de la infraestructura está en su sistema de almacenamiento térmico mediante sales fundidas, que permite a la unidad termosolar continuar suministrando electricidad durante aproximadamente ocho horas después de la puesta del sol, sin depender de baterías de litio.
¿Cómo funciona la planta solar de China?
De la capacidad total de la instalación, 900 megavatios (MW) corresponden a paneles solares fotovoltaicos, mientras que los otros 100 MW proceden de una unidad de energía solar de concentración.
Esta última utiliza alrededor de 260.000 espejos que siguen el movimiento del sol y concentran su radiación para calentar un circuito de sales fundidas hasta temperaturas cercanas a los 550 °C.
Durante las horas de mayor radiación solar, el sistema almacena energía en forma de calor. Una vez que el sol se oculta, ese calor acumulado permite producir vapor, activar una turbina y generar electricidad.
De esta manera, la unidad CSP de 100 MW puede continuar suministrando energía a la red durante aproximadamente ocho horas adicionales. Esto no significa que toda la planta de 1 GW produzca a plena capacidad durante la noche, sino que el almacenamiento térmico extiende el funcionamiento de su componente termosolar.
Almacenamiento energético sin baterías de litio
El proyecto resulta relevante porque explora una alternativa para almacenar grandes cantidades de energía durante periodos prolongados.
A diferencia de las baterías convencionales, las sales fundidas almacenan energía térmica. Esta característica puede complementar otras tecnologías de almacenamiento y contribuir a mejorar la estabilidad de sistemas eléctricos con una participación creciente de fuentes renovables.
Los responsables del proyecto señalan que la tecnología no busca reemplazar a las baterías de litio, sino ofrecer una solución complementaria para instalaciones de gran escala que necesitan continuar generando electricidad durante las horas sin sol.
Su principal desafío sigue siendo económico, debido a que las centrales termosolares con almacenamiento presentan actualmente mayores costos que otras combinaciones basadas en paneles fotovoltaicos y baterías.
Una planta solar de 1 GW en el desierto del Gobi
La instalación ocupa aproximadamente 1.817 hectáreas y demandó una inversión cercana a los 3.530 millones de yuanes.
Según las estimaciones difundidas sobre el proyecto, la central tendrá capacidad para producir aproximadamente 2,07 teravatios hora (TWh) de electricidad al año, equivalente al consumo estimado de unos 830.000 hogares.
La operación también podría evitar alrededor de 1,63 millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono (CO₂) anuales, como resultado de la sustitución de generación basada en fuentes fósiles.
Con una capacidad conjunta de 1 GW, la infraestructura supera en potencia instalada a Noor Energy 1 de Dubái, complejo que combina tecnologías fotovoltaicas y de concentración solar.
China proyecta ampliar este modelo energético
El proyecto forma parte de una estrategia de mayor escala para incrementar el aprovechamiento de los recursos solares disponibles en las extensas zonas desérticas del oeste de China.
Los planes contemplan una segunda fase que podría elevar la capacidad del complejo hasta los 3 GW, además del desarrollo de otra instalación híbrida de aproximadamente 1,5 GW en la misma región.
El avance de este tipo de infraestructura muestra cómo China está combinando generación renovable, almacenamiento energético e innovación tecnológica para responder al reto de la intermitencia de las energías solar y eólica.
Más allá de aumentar la cantidad de paneles instalados, el desafío está en desarrollar sistemas capaces de almacenar la energía producida y entregarla a la red cuando la demanda lo requiera.
La experiencia desarrollada en el desierto del Gobi representa así un nuevo ejemplo de las tecnologías que China está incorporando dentro de su transición energética y que podrían adquirir mayor relevancia conforme aumente la participación de las energías renovables en los sistemas eléctricos.
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