La minera Las Bambas lideró la inversión acumulada de enero a julio con US$255 millones en infraestructura. Le sigue la china Shougang Hierro Perú con US$190 millones y Southern Perú con US$89 millones. Sin embargo, el dato más llamativo es el registro de julio de manera individual, con US$200 millones ejecutados en un solo mes. Eso significa que el 17,7% del total acumulado se concentró en 30 días. La minera Las Bambas realiza sus trabajos en Apurímac a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar (ms. n. m.). Que MMG haya priorizado infraestructura en este ciclo sugiere que la operadora china está comprometida con la expansión de capacidad más allá de los niveles actuales, a pesar de los conflictos comunitarios que siguen marcando su historia operativa.

Las presencias de Shougang y Southern

Las operaciones de Shougang Hierro Perú como segundo mayor inversor con US$190 millones merecen contexto. Los precios del mineral de hierro en estos últimos años estuvieron bajo presión por la desaceleración del sector inmobiliario chino, el principal consumidor mundial. Si Shougang está invirtiendo con esa intensidad en infraestructura, incluso con márgenes más ajustados, indica una posición de largo plazo: la empresa estatal china está apostando por que Perú sigue siendo una fuente estratégica de abastecimiento para sus altos hornos.

Southern Perú, una subsidiaria de Grupo México, suma US$89 millones en el período. Sus principales funciones en el sur del país (Cuajone y Toquepala) llevan muchos años verificando que la infraestructura sea de calidad. La inversión tiene como objetivo la modernización y ampliación de capacidad más que al desarrollo greenfield. El proyecto Tía María, que durante años concentró el debate político sobre la minería en Arequipa, sigue pendiente de resolución social y no aparece en estas cifras de ejecución — lo que confirma que la inversión declarada corresponde a operaciones ya establecidas.

¿Cuál es el significado de los US$1.128 millones en infraestructura?

La minería representa aproximadamente 10% del PIB peruano y genera cerca del 60% de las exportaciones totales del Perú. Dentro de esos gráficos, la inversión en infraestructura tiene un efecto multiplicador que va más allá del sector: caminos de acceso, plantas de tratamiento de agua, líneas de transmisión eléctrica y sistemas de comunicaciones que construyen las mineras terminan brindando servicios (directo o indirecto) a las comunidades del entorno. El impuesto minero redistribuye una porción de los impuestos pagados por las empresas hacia los gobiernos regionales y locales y se alimenta directamente del nivel de actividad.

La inestabilidad ha sido el talón de Aquiles del sector minero peruano: conflictos sociales, relevos en el poder y marchas atrás en la regulación han cortado una y otra vez el ritmo de las inversiones. El país suma seis presidentes en seis años, y en ese contexto los US$1.128 millones ejecutados en infraestructura entre enero y julio de 2026 dicen mucho más que una simple cifra: reflejan la confianza de las operadoras en que las reglas del juego se mantendrán. Que las empresas aceleren ahora el gasto en infraestructura no es una coincidencia. Los números del sector acompañan: las exportaciones mineras alcanzaron US$42.221 millones en el primer semestre, un salto de 56% sustentado en los altos precios del cobre, el oro y el plomo, con Las Bambas, Cerro Verde y Quellaveco a la cabeza del repunte.