Biólogos de China, Tailandia y México han descrito en los bosques de la provincia china de Yunnan una especie fúngica de proporciones inusuales: alcanza hasta medio metro de altura y puede pesar 2,2 kilos. Su aspecto y sus rasgos genéticos son tan singulares que los investigadores no han podido encajarla en ninguna categoría conocida, así que han tenido que crear un género y una familia nuevos para clasificarla. Según el análisis del equipo, este linaje apareció hace unos 65 millones de años, en el periodo posterior a la extinción de los dinosaurios, cuando los ecosistemas se recomponían y la materia orgánica muerta abundaba en el planeta.
Un hongo que no es una seta
Se llama Dianjunus rex y ha sido presentado en la revista 'Frontiers in Fungal Biology'. Hallado en los bosques de Yunnan, en el suroeste de China, este gigante no encaja en ninguna de las familias conocidas, por lo que sus descubridores proponen crear una nueva, Dianjunaceae, dentro de los xilariales, un orden de hongos al que pertenecen numerosas especies que crecen sobre madera muerta. Indunil C. Senanayake, profesora asociada del Banco de Germoplasma de Especies Silvestres del Instituto de Botánica de Kunming, considera que el hallazgo abre una ventana poco habitual a la evolución de formas fúngicas extremas.
Aunque al pensar en un hongo solemos imaginar una seta con sombrero y pie, D. rex pertenece a los ascomicetos, un grupo de más de 64 mil especies que funciona de otra manera. En lugar de setas verdaderas, desarrollan unas estructuras llamadas estromas, y es de pequeños sacos microscópicos, situados dentro o sobre su superficie, de donde brotan las esporas: las células diminutas con las que se propagan y que cumplen un papel similar al de las semillas. El estroma de esta especie es una columna carnosa, blanquecina cuando es joven y amarillenta con la edad, cubierta de una pelusa fibrosa y salpicada de puntos negros, los orificios por los que escapan las esporas. Su forma varía entre cilíndrica, de huso y palmeada, y en ocasiones se ramifica desde la base. La parte subterránea es negra y lisa, y hace las veces de pie.
Una familia nacida tras la extinción
Para fechar el nacimiento de la familia Dianjunaceae, los autores del estudio recurrieron a un reloj molecular. El principio es sencillo: los genes acumulan cambios a un ritmo más o menos regular, de modo que, al comparar el ADN de especies cuyas fechas de separación ya se conocen, es posible estimar cuándo surgió un linaje nuevo. El resultado sitúa el origen de la familia hace unos 65 millones de años, a comienzos del Paleoceno, apenas un millón de años después de la extinción masiva que acabó con los dinosaurios y que, según el trabajo, se llevó por delante a cerca de tres cuartas partes de las especies animales y vegetales.
Indunil C. Senanayake, profesora asociada del Instituto de Botánica de Kunming, plantea una posible explicación. Tras aquella catástrofe, los bosques cambiaron de forma drástica y de golpe apareció una enorme cantidad de vegetación muerta, lo que pudo abrir un abanico de oportunidades nuevas para los hongos que se alimentan de ella. Conviene, no obstante, matizar. Se trata de una hipótesis, no de una conclusión firmada, y la fecha obtenida mediante un reloj molecular es una estimación con su margen de error, no un año exacto.











