Un equipo de investigación ha desarrollado un material a partir de pellets de micelio, la red de filamentos del hongo, que se plastifica con un 10% de glicerina en un proceso que apenas requiere energía. Según el Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC), ese tratamiento desarma la rígida red de enlaces de hidrógeno de la pared celular del hongo y logra que el material sea un 50% más dúctil, sin que pierda resistencia. La gran novedad frente a los textiles fúngicos anteriores es que este sigue vivo. Los intentos previos acababan con las células al someterlas a calor o a un secado químico; la nueva plataforma, en cambio, conserva el micelio activo dentro de láminas macroscópicas y cohesionadas. Los resultados se recogen en un estudio titulado 'Una plataforma fúngica programable para textiles vivos de ingeniería'.
¿Cómo logran los textiles de hongos limpiarse y repararse solos en China?
La superficie del tejido forma de manera natural una capa hidrófoba, con un ángulo de contacto de unos 145 grados, capaz de repeler el agua y la suciedad sin recurrir a recubrimientos sintéticos. El mérito es de las hifas, los filamentos finos, parecidos a hilos, que componen los hongos: al crecer juntas y entrelazarse forman el micelio, y algunas de ellas se proyectan hacia el aire, dando al material esa propiedad. El tejido también sabe curarse. Si sufre un corte, basta aplicar pellets frescos de micelio húmedo sobre la zona dañada; tras el secado, recupera su continuidad estructural. Para poner a prueba la durabilidad de este sistema, el equipo sometió las muestras a diez ciclos seguidos de corte y reparación, y el material conservó entre un 68% y un 89% de su rigidez original.
La plataforma funciona además con una lógica de 'conectar y usar' (plug and play): permite incorporar otros hongos o microorganismos como socios de cultivo sin modificar genéticamente al hongo principal. Así, los investigadores sumaron Aspergillus niger, rico en melanina, y consiguieron una capa que bloquea la radiación ultravioleta y aporta actividad antioxidante. Para dar color sin teñido industrial, cocultivaron el micelio con una variante modificada genéticamente de la levadura Saccharomyces cerevisiae. El resultado son tonos celeste, rojo, naranja y púrpura que nacen del propio material, sin tintes añadidos. La levadura se ancla a la pared del hongo a través de la quitina, lo que fija el pigmento directamente sobre el tejido sin pasos adicionales.
¿Cómo se biodegrada este tejido y qué papel juega en la moda circular de China?
Para demostrar su degradabilidad, el equipo enterró una caja fabricada con este material y comprobó que se biodegradó casi por completo en 41 días, sin dejar residuos persistentes ni fragmentos visibles en el suelo. Con todas estas propiedades sobre la mesa, los investigadores dieron un paso más y combinaron módulos con funciones distintas, unos autopigmentados y otros autolimpiables, para confeccionar un vestido de moda circular que sirve como prueba de concepto.
El trabajo contó con financiación del Programa Nacional Clave de Investigación y Desarrollo de China y del Fondo Nacional de Ciencia para Académicos Jóvenes Distinguidos de China, entre otras fuentes. En el estudio participaron ocho investigadores, entre ellos Bolin An, Jicong Zhang, Chao Zhong y Ke Li, y se contó además con la colaboración de la empresa alemana Peelsphere GmbH, con sede en Berlín.











