China está liderando esta transición y el desarrollo de un nuevo sistema eléctrico que conecta generación, red, demanda y almacenamiento y constituye un camino inevitable para el futuro. Mientras la cifra de vehículos de nuevas energías está por alcanzar los 100 millones, muchos vehículos eléctricos dejarán atrás su rol tradicional como un simple medio de transporte. Estos están surgiendo como un componente vital de la infraestructura eléctrica de próxima generación. Se estima que para 2030, ya estén en circulación entre 110 y 160 millones de vehículos eléctricos en China; una cifra que, según los análisis previos, alcanzará entre 300 y 400 millones para 2040 y con la expansión de las redes de carga ultrarrápida, la presión que ejerce la carga simultánea sobre las redes locales se hace más notoria.
¿Cómo se vería en un futuro?
Por ejemplo, si cinco millones de carros eléctricos se cargaran al mismo tiempo durante la noche a una potencia de 10 kW por unidad, la demanda total sería 50 millones de kW y superaría por mucho la capacidad máxima de la mayoría de las redes eléctricas municipales. Por lo tanto, es importante pasar de un modelo de carga descentralizado y sin gestión a uno ordenado, basado en un flujo de energía bidireccional. El punto reside en el uso de la tecnología vehículo a la red o V2G por sus siglas en inglés, que permite a los carros eléctricos interactuar de forma dinámica con la red eléctrica. La tecnología V2G convierte a los vehículos eléctricos de consumidores pasivos de la red en unidades móviles y activas de almacenamiento de energía.
Los coches eléctricos pueden “beber” energía de la red cuando la demanda es baja y devolverla cuando el consumo se dispara. Con ello no solo se descongestionan las redes eléctricas: también se abre una vía de ingresos para los propietarios que participan en los mercados mayoristas de energía. Según las estimaciones, un coche con una batería media de 70 kWh que dedique su capacidad sobrante de carga y descarga a prestar servicios a la red podría generar, a lo largo de su vida útil, entre 15.000 y 75.000 yuanes en beneficios acumulados (entre 2.240 y 11.198 dólares). El vehículo eléctrico, en suma, deja de ser un bien de consumo condenado a depreciarse para convertirse en un activo capaz de dar rendimiento. Eso sí, la durabilidad y la seguridad de las baterías siguen encabezando las inquietudes del público.
¿Qué nos informan las investigaciones?
Las investigaciones apuntan a que, bien gestionada, la tecnología V2G (del vehículo a la red) no acorta la vida útil de las baterías; incluso puede alargarla. Las baterías de fosfato de hierro y litio (LFP) que equipan hoy los coches eléctricos aguantan unos 3.000 ciclos completos de carga y descarga antes de perder el 30% de su capacidad. Un vehículo de uso doméstico, en cambio, apenas consume unos 500 ciclos a lo largo de entre 10 y 15 años, de modo que queda un amplio margen para otros usos.
A ello se suman avances como la pulsación bidireccional, que reparte el litio de forma más homogénea, evita la formación de depósitos de litio metálico y mejora tanto la carga rápida como el comportamiento con bajas temperaturas. Además, la operativa V2G mantiene la batería casi siempre en un estado de carga parcial, lo que previene el envejecimiento en reposo que sufren las baterías almacenadas durante mucho tiempo a plena carga. Con una monitorización inteligente de riesgos, subrayan los expertos, estos sistemas reducen de forma eficaz los incidentes de seguridad.











