La primera surgió sobre un antiguo terreno minero; la segunda labró su prestigio internacional con una producción boutique centrada en una sola marca; y la tercera apuesta por una plataforma de mayor escala, ligada a la inversión pública, la agricultura y el turismo de la localidad de Minning.
Un bien preciado con mucha historia
El crecimiento de Ningxia coincide con un hito de proyección internacional: es la primera vez que Asia acoge el Congreso Mundial de la Viña y el Vino. La 47.ª edición del encuentro se celebra en Yichuan hasta el 16 de octubre y congrega a más de 800 asistentes procedentes de más de 47 países y organismos internacionales. El evento sirve de escaparate para los cambios que ha vivido la región. Ningxia dedica hoy unas 40.467 hectáreas al cultivo de uva para vino y suma 261 empresas del sector, entre ellas 130 bodegas, con una producción cercana a los 140 millones de botellas al año.
Las bodegas, además, atraen a más de 3,7 millones de visitantes anuales y generan en conjunto ingresos superiores a millones de yuanes. En Chateau Yuanshi, el pasado minero sigue presente en el paisaje. Quien la visita puede ver el lugar donde antes operaba una cantera de arena y piedra, hoy rodeado de árboles, viñedos, edificaciones de inspiración china y espacios pensados para el enoturismo. Según los datos facilitados por la propia bodega, el grupo empezó en 1996 a trabajar sobre 1.200 hectáreas de terrenos áridos.
Un proyecto para seguir con el pegado
Tras tres décadas de trabajo, la bodega contabiliza 400 hectáreas de antiguas zonas mineras recuperadas, 467 de bosque ecológico, 200 plantadas con uva para vino y más de tres millones de plantas. El proyecto vitivinícola se planificó en 2007, arrancó en 2008 con la plantación de las primeras vides y la construcción de la bodega, y abrió sus puertas al público en 2014. Qiao Jing, gerente de recepción de Chateau Yuanshi, contó a Prensa Latina que los edificios incorporan piedras recogidas al preparar los terrenos, junto con tejas, ladrillos, madera y otros materiales recuperados. Según explicó, el complejo emplea cerca de 20.000 toneladas de piedras del Gobi y materiales reutilizados, y más de un centenar de sensores vigilan las condiciones ambientales del viñedo y orientan las decisiones sobre riego y fertilización.
La tecnología, añadió, convive con un intenso trabajo manual. Antes de llegar a los tanques, la uva pasa por varias fases de selección en las que se retiran hojas, racimos inmaduros y pequeños restos vegetales. Después, un sistema de transporte procura reducir la presión sobre el fruto y limitar la oxidación previa a la fermentación. Yuanshi trabaja con depósitos pequeños, de entre tres y 15 metros cúbicos, lo que permite adaptar el proceso a cada variedad, a la edad de las plantas y a las particularidades de cada cosecha. La temperatura se regula de forma automática y se recurre a depósitos de roble o de acero inoxidable, según el vino que se quiera elaborar.











