En las montañas ubicadas en el suroeste de China, cerca de las aguas cristalinas del lago Lugu, existe una comunidad cuyas normas familiares son ajenas a muchas de las que han descrito la familia durante miles de años. Los Mosuo, una minoría étnica cuya población está entre 40.000 y 50.000 personas, tienen una organización social única: las mujeres heredan las propiedades, los hijos pertenecen al linaje materno y las parejas no conviven ni se casan. Su único sistema de relaciones, conocido como tiesese o matrimonio ambulante, convirtió a esta etnia en uno de los acontecimientos más analizados por antropólogos de todo el mundo.
El estilo de vida de Mosuo
A través de los siglos, los Mosuo han planificado su vida familiar de forma radicalmente distinta a la mayoría de las sociedades modernas que conocemos. En vez de formar un hogar tradicional formado por el padre, la madre e hijos, muchas generaciones de la familia materna viven en la misma casa. La figura principal es la matriarca (una mujer de avanzada edad que gestiona las propiedades, toma las decisiones familiares y da la herencia a sus descendientes femeninas). Esta práctica se llama tisese, un sistema de relaciones sentimentales que los antropólogos han llamado matrimonio ambulante o relación de visita. Aquí no hay ceremonias de bodas, contratos matrimoniales ni convivencia constante. Es más, cuando dos personas tienen una relación, el hombre visita a la mujer solamente de noche y regresa a la mañana siguiente a su domicilio.
Ambos viven separados y mantienen su independencia dentro de sus propias casas. Este método también afecta a la crianza de los hijos. Los niños se quedan en la casa materna, adoptan el linaje de la madre y son educados colectivamente por la familia de la mujer. Lo habitual es que el hermano de la madre desempeñe un papel importante en la educación de los niños, convirtiendo al tío materno en un pilar masculino dentro del núcleo familiar.
Dónde se encuentran ubicados los Mosuo
Los Mosuo habitan sobre todo en las orillas del lago Lugu, un paraje de alta montaña en la frontera entre las provincias de Yunnan y Sichuan, en el suroeste de China. Su población se estima entre 40.000 y 50.000 personas, una cifra pequeña en un país de más de 1.400 millones de habitantes, y que además es difícil de precisar porque no todos viven hoy según las costumbres tradicionales. Durante siglos, el aislamiento geográfico de la región ayudó a preservar su singular organización social, basada en la familia materna. Pero ese equilibrio ha comenzado a cambiar. La apertura al turismo ha convertido al lago Lugu en un destino cada vez más concurrido, y con los visitantes han llegado nuevos ingresos, pero también nuevas ideas y presiones culturales.
A ello se suma la escolarización moderna, que expone a los jóvenes a los valores dominantes del resto del país, y una integración creciente con la sociedad china en general. El resultado es un panorama diverso: mientras algunas familias mantienen las visitas furtivas y la herencia por línea femenina, otras han adoptado el matrimonio convencional y modelos de convivencia más cercanos a los del resto de China. Los propios Mosuo se debaten entre conservar una tradición que los distingue ante el mundo y adaptarse a una realidad que ya no les resulta ajena.











