El puerto de Koper (Eslovenia) une las rutas marítimas comerciales con mercados europeos centrales y orientales, gestionando cada año 23 millones de toneladas en mercancías. Su ubicación estratégica en el sur de Europa brinda un camino más corto para gran cantidad de envíos entre Asia y Europa, algo muy importante para los exportadores chinos. El año pasado, el puerto de Koper administró una cifra récord de 1,27 millones de contenedores y más de 914.000 vehículos destinados a los mercados extranjeros o provenientes de ellos. La cantidad de vehículos que vienen de China sigue creciendo, lo que significa una veloz expansión de las marcas chinas en el mercado automovilístico europeo.

Los vehículos chinos, el principal bien que comercia

La cantidad de vehículos chinos que desembarca en Europa se ha convertido en un bien preciado. Cada nuevo cargamento confirma la velocidad con la que las marcas del gigante asiático están ganando terreno en el mercado automovilístico europeo, un avance que pocos habrían pronosticado hace apenas unos años. Con la convicción de que la tendencia no solo continuará, sino que previsiblemente se intensificará, el puerto de Koper ha iniciado un plan de ampliación de gran calado. Está agrandando sus zonas de aparcamiento y levantando nuevas terminales de almacenamiento, con el objetivo de elevar su capacidad hasta cerca de 62.000 vehículos.

Pero la apuesta no termina en la logística de entrada: las autoridades portuarias confían en conectar las rutas de llegada y de salida, de manera que los buques que cruzan desde Asia cargados de coches no tengan que emprender el regreso casi vacíos, sino que puedan volver con automóviles europeos a bordo. Y es justo ahí donde asoma el problema de fondo. El comercio entre China y la Unión Europea, advierten los analistas, no puede crecer de forma sostenible si se apoya únicamente en lo que Europa compra. Un intercambio en el que los barcos van llenos en una dirección y medio vacíos en la otra resulta frágil, y ambas partes lo saben.

Los compromisos de China

Desde el lado chino, el mensaje es de apertura. Las autoridades aseguran estar dispuestas a importar más productos europeos y sostienen que trabajan para facilitar su entrada en el mercado del país. Para ello, señalan dos herramientas concretas: el programa Exportar a China y las exposiciones internacionales de importación, escaparates pensados para que las empresas extranjeras den a conocer sus productos a compradores chinos.

La ampliación de Koper, en definitiva, es un termómetro del enorme potencial que tiene el comercio entre ambas economías. Sin embargo, ese potencial solo se materializará del todo si la cooperación gana profundidad, y eso dependerá, en buena medida, de que las empresas europeas logren hacerse un hueco más sólido en el mercado chino. Sin esa reciprocidad, las nuevas terminales corren el riesgo de ser el símbolo de una relación que crece, sí, pero cojeando de un solo lado.