El Banco Popular de China (BPCh), junto con otros diez departamentos del Gobierno, dio a conocer este lunes un documento que busca construir un sistema de servicios financieros más acorde con el papel central y la proyección internacional de los tres grandes polos de innovación del país. Pekín fija como horizonte el año 2030. Para entonces, aspira a haber consolidado una red integral de financiación al servicio de la innovación tecnológica y a lograr un incremento notable del peso de la financiación directa. Además, pretende haber levantado, a grandes rasgos, un modelo de servicios financieros integrado que funcione de manera coordinada en las tres regiones, conforme a lo establecido en las directrices.

¿Cuáles son estas medidas?

Entre las medidas concretas, el texto plantea flexibilizar las reglas cambiarias para los Socios Limitados Extranjeros Cualificados (QFLP, por sus siglas en inglés), un mecanismo pensado para facilitar que instituciones foráneas inviertan en capital en China. También prevé agilizar el movimiento transfronterizo de fondos, tanto para las multinacionales tecnológicas como para las empresas chinas que financian sus centros de investigación y desarrollo (I+D) en el exterior. Cada región tendrá su propia hoja de ruta. Beijing-Tianjin-Hebei apostará por la innovación original y la cooperación regional, con un mayor respaldo financiero a las grandes infraestructuras científicas y tecnológicas. El delta del río Yangtsé sacará partido de sus clústeres industriales para levantar un ecosistema de financiación tecnológica en el que participen múltiples actores y los beneficios se compartan.

En el sur, la Gran Área de la Bahía (GAB) trabajará en un sistema abierto de financiación tecnológica, con énfasis en una interacción financiera de alto nivel y en la convergencia regulatoria entre Guangdong, Hong Kong y Macao. Las directrices también insisten en crear mecanismos de prevención y control de riesgos que blinden el sistema frente a posibles contingencias financieros sistémicos. El lunes, durante la Conferencia Anual del Foro de la Calle Financiera celebrada en Beijing, el gobernador del BPCh, Pan Gongsheng, afirmó que el desarrollo de estos tres centros internacionales de innovación científica y tecnológica es una estrategia fundamental de las autoridades centrales.

La importancia de estas medidas

Pan Gongsheng avanzó que el banco central multiplicará los proyectos piloto en las tres regiones. Las iniciativas abarcarán varios frentes: la concesión de crédito, el segmento bursátil dedicado a la ciencia y la tecnología, y la inversión y financiación transfronterizas. El mensaje del gobernador es que la política financiera ya no se limitará a fijar objetivos, sino que se probará sobre el terreno, con experimentos concretos en los territorios que Pekín considera el motor de su ambición tecnológica. La estrategia, con todo, tiene recorrido. El XIV Plan Quinquenal (2021-2025) ya apostaba por convertir a Beijing, Shanghai y la Gran Área de la Bahía (GAB) en centros internacionales de innovación científica y tecnológica, una meta que ha servido de brújula al país durante el último lustro. Lo que ocurre ahora es una segunda fase, más ambiciosa en su alcance geográfico.

El cambio de enfoque es notable. Los polos de Beijing y Shanghai se extienden hacia la región de Beijing-Tianjin-Hebei y el delta del río Yangtsé, respectivamente, de modo que el foco deja de estar en las ciudades individuales para pasar a un desarrollo regional coordinado. En lugar de que cada gran urbe compita por destacar por su cuenta, se busca que territorios enteros trabajen de forma integrada, compartiendo recursos, industria y financiación. Esta orientación no surgió de manera improvisada. Quedó establecida en la Conferencia Central de Trabajo Económico de 2025, una de las citas clave en las que la cúpula china traza las prioridades económicas del año. El documento presentado esta semana por el Banco Popular de China y otros diez departamentos gubernamentales es, en buena medida, la traducción financiera de aquella decisión política.