Se trata del gigantesco Aeropuerto Internacional Dalian Jinzhouwan, levantado sobre una isla artificial. La obra del aeropuerto lleva tres años en marcha, pero la isla en sí se empezó a construir mucho antes, hace aproximadamente 15 años. Lograrlo supone un reto técnico enorme. Por ahora se encuentra en su primera etapa, aunque a largo plazo se prevé que reciba a más de 80 millones de pasajeros al año y, si la demanda es mayor, se espera hasta unos 85 millones.

Un aeropuerto ubicado a tres kilómetros de distancia de la costa sobre una isla que no existía

A unos tres kilómetros de la costa de Dalian, en la provincia de Liaoning, y frente a las aguas del mar Amarillo, ya se levanta una isla artificial de 20,1 kilómetros cuadrados destinada a albergar el futuro Aeropuerto Internacional Dalian Jinzhouwan. Sus dimensiones no dejan lugar a dudas: la primera fase incluye una terminal de aproximadamente 500.000 m² y dos pistas, de 3.600 y 3.400 metros. Con ellas, la instalación estará preparada para recibir a 43 millones de pasajeros y manejar 550.000 toneladas de carga al año en 2035. Con la mirada puesta en 2050, una segunda etapa sumará hasta 4 pistas y una terminal más grande, con capacidad para unos 80 millones de viajeros anuales.

Su gran referente es otro gigante que también nace sobre terreno ganado al mar: el New Manila International Airport (NMIA). Contará igualmente con cuatro pistas y se anuncia con capacidad para unos 100 millones de pasajeros al año y hasta 240 movimientos de aeronaves por hora, 4 veces los 60 que gestiona Heathrow, en Londres. Sin embargo, las dificultades que enfrenta el proyecto filipino, que según algunas advertencias podría quedar inundado dentro de tres décadas, dan la medida del desafío que implica levantar un aeropuerto sobre suelo arrebatado al agua, y más aún sobre una isla en pleno mar. Como en el caso de Manila, la obra responde a una necesidad urgente: dar respuesta a una gran ciudad china cuyo aeropuerto actual, el Internacional Dalian Zhoushuizi, se ha quedado pequeño.

El reto de construir encima del mar

Levantar una isla donde antes solo había agua es una hazaña de ingeniería de primer orden. Los trabajos arrancaron entre 2011 y 2012 y se han prolongado durante casi una década. Por el camino, los técnicos han tenido que sortear profundas capas de limo, para lo cual han recurrido a diversas soluciones, entre ellas desplazar el sedimento o compactar el lecho marino con explosivos. A ello se suma otro obstáculo: el fondo estaba compuesto por estratos de suelo blando, susceptibles de deformarse bajo el peso de una infraestructura de esta magnitud. Por eso, antes de construir, fue imprescindible tratar y consolidar el terreno mediante precargas en los puntos más delicados, como las pistas, que deberán soportar aeronaves cargadas de pasajeros y con un peso de cientos de toneladas.

En 2025 se puso en marcha la segunda fase del tratamiento profundo de la cimentación, que abarca cerca de 10 km². Para ello se han empleado pilotes de grava, más de 340.000 pilotes de mezcla de cemento, inyecciones a alta presión y compactación dinámica con martillos de 90 toneladas capaces de actuar hasta 13 metros de profundidad. También se han instalado sistemas de drenaje y se han aplicado enormes cargas de precarga: en ciertas zonas alcanzan los 11,5 metros de altura y las 17 toneladas por metro cuadrado, y deben mantenerse durante unos 380 días. El segundo gran desafío consiste en erigir el propio aeropuerto sobre esta isla artificial. Solo la primera terminal y el viaducto que la precede han requerido miles de pilotes. Su núcleo central, en concreto, ha exigido hincar 1.177 pilotes diseñados para anclarse en la roca, con una altura media de 78 metros y un peso superior a las 500 toneladas cada uno.