Cuando se construye o se mejora una autopista, se inicia con los trabajos de movimientos de tierras. Excavadoras, máquinas y camiones preparan el terreno para crear desmontes y terraplenes que permiten un trazado claro y constante. Durante el mismo lapso de tiempo, se realizan las obras de drenaje con el fin de evitar acumulaciones de agua y se construyen las estructuras necesarias, como pasos superiores, viaductos, túneles y otras obras que permiten la continuidad de caminos, ríos, lagos y servicios ya existentes.

La transición de un numeroso equipo de personas a las máquinas autónomas

Cuando la plataforma ya está formada, los trabajos se enfocan en la estructura del firme creada para aguantar considerables volúmenes de tráfico durante varias décadas. Ya sobre el terreno compactado se extienden capas de materiales granulares y mezclas bituminosas o de hormigón, aplicados con maquinaria especializada y controlada con rigurosos ensayos de calidad. La construcción de las carreteras sigue una nueva etapa marcada por la automatización, análisis constante de datos, coordinación inteligente de maquinaria, sensores avanzados, inteligencia artificial, gemelos digitales, redes 5G, entre otros equipos independientes que ya forman parte de un sistema tecnológico que aspira a cambiar la mano de obra.

Este cambio ya se aplica. En otros países ya se realizaron otros proyectos que enseñan hasta dónde puede llegar la robotización de las obras lineales. El caso más reciente fue en 2024, cuando China mejoró cerca de 160 km de la autopista entre Pekín y Macao sin operarios trabajando en la obra. Un conjunto de extendedoras y compactadoras autónomas, guiadas por satélites y supervisadas por drones, ejecutó de forma coordinada las tareas de pavimentación, en lo que se presentó como la primera intervención totalmente automatizada de este tipo.

El modelo de automatización

Para que este modelo despegue, el sector pide construir un marco de confianza entre administraciones, empresas y centros de investigación que permita iniciar proyectos piloto y, con lo aprendido, ajustar la normativa. Ello exigirá revisar los pliegos técnicos, los sistemas de control de calidad, los protocolos de seguridad y salud laboral y los esquemas de responsabilidad civil por posibles fallos de los sistemas autónomos, además de ordenar el uso coordinado de drones y maquinaria en espacios abiertos. El cambio alcanzará también a la vigilancia de las obras.

La inspección presencial, hoy intensiva, cederá terreno ante una monitorización continua en tiempo real, una trazabilidad digital de cada fase de ejecución y un control automatizado de tolerancias y compactación, todo ello apoyado en los gemelos digitales. Así, el reto ya no consiste solo en sumar herramientas tecnológicas aisladas, sino en llevar la lógica digital a todo el ciclo de vida de la infraestructura. La automatización parcial ya es un hecho; que las carreteras se construyan de forma casi autónoma dependerá menos de nuevos avances técnicos que de transformaciones regulatorias, organizativas y culturales que permitan al sector trabajar a una escala distinta.