Con previas estimaciones, atrapar una tonelada de dióxido de carbono (CO₂) con la nueva membrana costará aproximadamente 38 dólares, reduciendo notablemente los costos de la industria para la captura de carbono. "Por lo tanto, la tecnología tiene un alto potencial de escalabilidad con costos de producción controlados. Puede ayudar a sectores clave como la energía térmica y la metalurgia a capturar dióxido de carbono con menores costos, ofreciendo una vía práctica y de ahorro energético para alcanzar la neutralidad de carbono de China", mencionó a Global Times el profesor de la Universidad de Tianjin Jiang Zhongyi.
El funcionamiento de la membrana
La membrana funciona como un matiz: permite el paso del dióxido de carbono reteniendo los demás gases. Por esta razón, consume mucho menos energía que los métodos tradicionales en los que el CO₂ se capta por vía química. El problema es que los gases emitidos por las industrias eléctricas, cementeras y acerías abarcan escaso CO₂, sin embargo, estos generan volúmenes altos. Limpiarlos con métodos pasados es muy caro y consume demasiada energía.
El principal obstáculo era desarrollar una membrana que durante el mismo tiempo separara el gas, fuera duradera y se produjera de manera simple en grandes cantidades. Frecuentemente, los materiales no pueden ser funcionales en todo al mismo tiempo. A raíz de esto, los científicos chinos combinaron un polímero con un relleno poroso (una estructura orgánica covalente). La clave está en que este diseño permite incorporar una cantidad elevada de relleno y repartirlo de forma homogénea por toda la membrana, sin comprometer su integridad. El resultado es un material que combina eficiencia, durabilidad y viabilidad industrial, tres requisitos que hasta ahora rara vez iban de la mano.
Los exitosos resultados de esta membrana
Como conclusión, es una membrana que se mantiene flexible y sin dificultades de procesar, dejando pasar el dióxido de carbono a una altísima velocidad frente a la de sus predecesoras. En las pruebas del laboratorio, la membrana permitió el paso del CO₂ diez veces más rápido que distintas alternativas, una curiosa marca que equivale a casi el 70% del límite máximo teórico. Además, su rendimiento fue constante incluso en condiciones difíciles como presencia de humedad, óxidos de azufre y óxidos de nitrógeno, algo habitual en gases de escape industriales.
El avance llega en un momento clave: la captura de carbono es una pieza fundamental en la hoja de ruta de China hacia la neutralidad de carbono. Para ponerlo en contexto, un estudio publicado en 2025 en una revista internacional calculaba que las membranas actuales cuestan entre 25 y 50 dólares por tonelada de CO₂ capturada en centrales de carbón y cementeras, y entre 50 y 100 dólares en centrales de gas. A este ritmo, las emisiones de dióxido de carbono afectarán en menor medida la calidad del oxígeno que se encuentra disponible y permitirán cuidar la capa de ozono.











