China sigue buscando más allá de sus fronteras el impulso que no logra generar puertas adentro. Mientras millones de hogares chinos miran con cautela el contenido de sus bolsillos, las fábricas del país operan a toda máquina para surtir al resto del planeta. Ni la tregua intermitente en la guerra comercial con Estados Unidos, ni los aranceles de la Unión Europea, ni las cada vez más frecuentes acusaciones de competencia desleal han conseguido frenar a la locomotora exportadora. Y ahora, además, esa locomotora ha descubierto una nueva veta de oro: la fiebre mundial por la inteligencia artificial.
Un crecimiento más que uniforme
La segunda economía del mundo avanzó un 4,5% interanual en el tercer trimestre de 2026, según los datos que la Oficina Nacional de Estadística difundió este lunes. El resultado supera los pronósticos de los analistas y mejora el 4,3% del trimestre anterior. Con ello, el acumulado de los primeros nueve meses llega al 4,6%, un ritmo compatible con la meta anual trazada por Pekín. Detrás del repunte vuelve a asomar la receta de siempre: producir en grande, vender barato y salir a conquistar mercados. En septiembre, las exportaciones se dispararon un 36,3% interanual y alcanzaron los 447.180 millones de dólares.
Las importaciones también treparon, un 31%, hasta los 313.650 millones, pero la brecha dejó un superávit mensual de 133.530 millones, el más alto de lo que va del año. La cifra más elocuente surge al sumar los nueve primeros meses: el superávit comercial acumulado asciende a 938.110 millones de dólares, un 7,2% más que en igual lapso del año pasado. De sostenerse esta tendencia, China cerrará diciembre por encima del récord de 2025. El dato retrata el enorme músculo industrial del país, pero también los desequilibrios de una economía que necesita colocar fuera una porción cada vez mayor de lo que produce.
¿Qué dicen los cálculos de Financial Times?
Según cálculos recogidos recientemente por el Financial Times, los productos ligados al auge de la inteligencia artificial aportaron cerca de trece puntos porcentuales al crecimiento de las exportaciones chinas de septiembre. Solo los envíos de semiconductores se dispararon un 136%, en buena parte por el encarecimiento de los chips. A esta fiebre tecnológica se suma el empuje de industrias donde Pekín lleva años consolidando su dominio: Los vehículos eléctricos, las baterías y los equipos industriales siguen ganando terreno en los mercados internacionales.
Ni siquiera Washington logra frenar sus compras. A pesar de las sucesivas rondas de aranceles con las que arrancó el mandato de Donald Trump y de los esfuerzos por reducir la dependencia de Pekín, las exportaciones chinas hacia el mercado estadounidense crecieron un 39,6% interanual en septiembre. El superávit bilateral del mes rondó los 34.000 millones de dólares. El panorama en la Unión Europea es parecido: las ventas chinas al bloque aumentaron un 25,25% en septiembre, su mejor registro en siete meses, y acumulan un alza del 16,4% desde enero.











